"Cuando se ama las cosas adquieren aún más sentido"

Mi camino

Hoy, después de estos años de aprendizaje, de aciertos y dificultades, puedo mirar hacia atrás y comprender que el verdadero desarrollo espiritual no estuvo solamente en aprender Tarot, interpretar cartas o canalizar. Estuvo, sobre todo, en aprender a mirar la vida de otra manera, a cuestionarme, a atravesar mis propias crisis y a comprender que muchas veces aquello que buscamos afuera necesita primero ser encontrado dentro de nosotros mismos.

Este camino no lo hice solo.

Hay personas a las que debo agradecer profundamente por haber sido parte de este recorrido. Al viejo, que siempre quiso que siguiera este camino y que, de alguna manera, sembró en mí la inquietud de buscar y comprender. A mi madre, que cada día me brinda su apoyo y que hoy también ocupa ese hermoso lugar de amiga de la vida; ejemplo de honestidad, trabajo, crecimiento y perseverancia. Y a mis tíos, Gabriel y José, que desde su doctrina me enseñaron que todo es parte de todo, que la espiritualidad no necesita opacidad ni secretos y que la preparación, la solidaridad y el amor se demuestran en los actos.

De ellos aprendí frases que quedaron grabadas en mí:“Para hacer una caridad no hay que pedir permiso. ”Y también:“Para dar amor hay que estar de pie.”

Hoy, de la mano de Gabriel, continúo aprendiendo.


Agradezco su santa paciencia, porque todavía hay momentos en los que llamo, pregunto y vuelvo a preguntar para intentar comprender. Como todo aprendiz, he conocido los errores y los aciertos, las certezas y las dudas. Pero hay algo que intento no perder nunca: la disposición a aprender de quienes tienen más camino recorrido y, al mismo tiempo, la decisión de seguir avanzando.

Como tantas veces me has dicho, Gaby: “Siempre avanzar.”


Con el tiempo también fui comprendiendo que la espiritualidad no pertenece exclusivamente a una religión, a una doctrina o a una determinada manera de creer. Las religiones pueden ser caminos diferentes, expresiones distintas de una misma búsqueda humana: comprender, trascender, encontrar sentido y acercarnos al amor.


Por eso hoy sostengo algo que para mí se convirtió en una convicción: Sin conciencia y sin amor no hay vida; hay solamente actividad.

Podemos hacer, correr, producir, buscar, acumular y ocupar cada minuto de nuestros días. Pero estar permanentemente activos no significa necesariamente estar vivos de manera consciente.

Para mí, despertar espiritualmente también significa detenerse. Escucharse. Reconocerse. Mirar aquello que duele. Revisar aquello que creemos saber. Y tener el valor de encontrarnos con partes de nosotros que durante mucho tiempo permanecieron en un punto ciego.

El Tarot como herramienta de evolución

Desde hace años transito este camino dedicado al Tarot Egipcio, el Tarot Rider y la canalización.

Y con el tiempo comprendí que el Tarot no es para mí una herramienta destinada a dictar sentencias sobre la vida de una persona. Lo considero una herramienta de evolución, reflexión y claridad, capaz de ayudarnos a mirar situaciones desde perspectivas que muchas veces no estamos pudiendo ver. A veces una persona llega a una consulta convencida de saber exactamente por qué le sucede lo que le sucede.

Pero no siempre aquello que creemos saber es realmente la causa.Y ahí comienza mi trabajo.

La consulta se convierte en una puerta que la persona me abre. Una invitación a entrar, con respeto, en una parte de su historia que muchas veces está atravesada por la angustia, el miedo, la tristeza, la incertidumbre o el deseo profundo de encontrar una salida.


Cada vez que suena el teléfono, sé que del otro lado hay una persona buscando claridad.

Y es allí donde encuentro mi lugar: como herramienta, como acompañante y como canal, utilizando las cartas y la canalización para ayudar a iluminar aquello que quizás permanecía oculto.

Cuando alguien llega a mí, no siento que venga simplemente a hacer una consulta.

Siento que me está invitando a compartir un desafío.El desafío de acompañarlo en un recorrido hacia aquello que muchas veces resulta más difícil de mirar: su propio mundo interior.

Cada historia, cada miedo, cada deseo, cada vínculo, cada herida y cada sueño hacen que ese recorrido sea diferente. No creo tener la verdad de otra persona. Creo que puedo ayudarla a encontrar sus propias respuestas, aquellas que quizás estaban allí pero todavía no podía ver.


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